Alergia a la leche

La alergia a la leche de vaca es el tipo de alergia más común entre bebés y niños pequeños. La alergia a la leche, como cualquier otra alergia, se produce cuando su sistema inmunitario identifica por error una o varias proteínas como perjudiciales. Al ingerir estas proteínas, el sistema inmunitario responde liberando histaminas, que son las causantes de los síntomas alérgicos.

Entre el 2 y el 3 % de los niños menores de 3 años son alérgicos a la leche. Casi todos los niños que desarrollan alergia a la leche lo hacen en su primer año de vida, pero en torno al 80 % suelen superar dicha enfermedad. Sin embargo, esta investigación también sugiere que los niños están superando la alergia a la leche de forma más lenta que antes, y que muchos niños continúan siendo alérgicos cumplidos los 5 años.

SÍNTOMAS DE ALERGIA A LA LECHE

Entre los signos y síntomas habituales de la alergia a la leche se incluyen:    

  • Sibilancias leves o tos
  • Vómitos
  • Erupciones cutáneas/urticaria
  • Síntomas digestivos (por ejemplo, dolor de estómago, diarrea, náuseas)
  • Heces con sangre (especialmente en bebés)

Los bebés y niños que son alérgicos a la leche son más propensos a presentar eccema (dermatitis atópica) y otras alergias.

Las reacciones alérgicas a la leche de vaca se manifiestan de forma distinta en cada persona. La reacción se puede producir desde tan solo unos minutos hasta horas tras ingerir algún producto que contenga leche.

DESENCADENANTES COMUNES DE LA ALERGIA A LA LECHE

Evitar la leche es mucho más complicado simplemente quitar el queso de la hamburguesa. La leche puede ser un ingrediente oculto en muchos alimentos: por eso, es importante que lea la etiqueta o pregunte antes de comprar o comer cualquier alimento. Los ingredientes de los alimentos envasados pueden cambiar en cualquier momento y sin previo aviso, de modo que lea siempre las etiquetas detenidamente.

La leche se puede encontrar en una amplia variedad de alimentos, por ejemplo:    

Productos lácteos, como el queso, la nata, la mantequilla, el yogur y el helado

  • Caramelos
  • Panes y bollería
  • Carne procesada, como jamón, salchichas y patés
  • Leche en polvo hidrolizada para bebés
  • Alimentos prefabricados, como mezclas para repostería, patatas fritas, sopas enlatadas y caldo de pollo